sábado, 13 de julio de 2013

Relato de una peona rural

La gente del Sur tenemos ciertos prejuicios hacia los porteños. Una vez un amigo me dijo que a los únicos a quienes perdona un poco de chovinismo es a los mapuches. Eso me hace sentir menos culpable por decir que no soporto mas de minuto y medio su verborragia, el tono casi violento con el que hablan.
Estábamos comiendo cerdo con mi viejo y su compañera. Ella se crió en el campo, me contaba de la bola gelatinosa que tenía en el hígado por una hepatitis mal curada, de diez centímetros de diámetro.

- Tengo que cuidarme- me dijo, y por eso no nos acompañó con el vino roble que habíamos comprado. Ya el curandero la había diagnosticado antes que el médico.

-Yo trabajé para un porteño-, esta historia me va a interesar, pensé.

-Como me habían recomendado, querían que yo me encargara de las otras señoras, pero ellas eran todas conocidas mías, no podía ponerme yo en patrona. Un día me vino a gritonear porque había faltado una de las mujeres, le dije que a mi no me grita nadie, que no había sido yo la que había faltado, yo nunca le había faltado.-

Antes de vivir con mi papá, Ramona vivía en un barrio alejado de la ciudad de Villa Regina, siempre me pregunté cómo había surgido casi un pueblo paralelo, se me ocurre que, la mayoría de los que hicieron la colonia Alberdi, son hijos de los chacareros, o parientes o sobrinos, y también peones rurales, que se establecieron alrededor de una escuela.

-"Acá al que no le gusta se va", me dijo. Mas vale que me voy a ir, nadie me viene a gritar, yo encuentro trabajo donde quiero le dije ahí nomás, le completé lo que había cosechado, va..., le vacié ahí en el bins lo que tenía, le tiré las cosas por el piso y me fui.-

Para cosechar se utilizan unos recolectores que se colocan como una mochila en la espalda en los que hasta el tope cargan unos 15 kilos de fruta, siempre es mejor llenarlos hasta el tope, para no subir y bajar la escalera y caminar hasta el bins para vaciarlos. Mas tarde el embalador del galpón de empaque levantará 200 jaulas por día de 22 kilos, pero esto no lo sé por Ramona, sino por mi mamá.

-Le había dicho que después venía a arreglar lo que me debía. Cuando volví me dijo la señora que qué había pasado con Jorge que le había tirado yo las cosas por los pies, que no le diera bola, que él es así, que no me vaya. No, ya está le dije yo y me fuí y nunca más.-